Un verano invencible se abre paso entre la Segunda Guerra Mundial
●La miniserie “La luz que no podemos ver”, de Netflix, goza del favor del público. ● Con unos desajustes es una conmovedora ficción traspasada por la radio.
María de los Ángeles Rojas espectaculos@eltribuno.com.ar
Netflix adaptó “La luz que no podemos ver”, obra clásica de Anthony Doerr -quien ganó por ella el premio Pulitzer a obras de ficción en 2015-, y obtuvo un impactante éxito. La miniserie presenta a la joven ciega Marie-Laure (Aria Mia Loberti), quien vive con su padre, Daniel Leblanc, el cerrajero del Museo de Historia Natural de París; pero la existencia de ambos cambia radicalmente cuando el ejército alemán llega a la capital francesa. Es entonces cuando se marchan a Saint Maló, donde se encuentran con Ettienne (Hugh Laurie), el tío de Leblanc y sobreviviente de la Primera Guerra Mundial, y la hermana de este, Madame Manec (Marion Bailey), quienes les dan refugio.
Asimismo, Werner Pfennig (Louis Hofmann) vive en el orfanato Viktoriastrasse con su hermana Jutta hasta que se ve obligado a alistarse en el ejército alemán. Esto sucede cuando los nazis se percatan de que el joven tenía una pericia innata para construir y reparar radios, un dispositivo que juega un papel fundamental en el conflicto bélico. Así, Werner deja de ser un niño para lidiar con los horrores de la guerra.
Todo se cuenta con la radio como figura transversal. Esta aparece como vehículo de comunicación, como medio de propaganda hitleriana y como símbolo de resistencia al gobierno totalitario alemán.
En varios momentos el texto -arrastrado- le da pereza al espectador e incluso da la sensación de que la obra se concentra en detalles irrelevantes y no logra desarrollar mejor a sus protagonistas.
Sin embargo, se va estableciendo una relación de contrapuntos entre la tríada Marie-Laure, Ettienne y Werner. Los jóvenes no se conocerán -spolier- hasta el final de la miniserie, pero pasaron su niñez escuchando el programa de El Profesor, que no es otro que Ettiene.
Ambos se han criado escuchando su programa nocturno sobre ciencia y verdad en la 13.10 de onda corta, y Werner no la ha abandonado e incluso oculta la existencia de una chica Marie-Laure, que transmite en esa frecuencia y va leyendo pasajes de “Veinte mil leguas de viaje submarino”, de Julio Verne, a pesar de que está afectado a la Central Alemana de Vigilancia por Radio.
Él, y todos los habitantes de Saint Maló, se resistirán a entregar a la infractora, que guía a los estadounidenses hacia los nazis con mensajes encriptados entre las ficcionales páginas, incluso cuando el precio por hacerlo es la muerte. Mientras los nazis siguen destruyendo Francia, el general Reinhold von Rumpel (Lars Eidinger) va tras la pista de la joven ciega, porque sospecha que ella tiene consigo el Mar de llamas, la joya más valiosa de Francia y que viene con una leyenda. Se encontraba alojada en una caja fuerte del Museo porque quien la toque vivirá para siempre, pero sus seres queridos sufrirán terriblemente. Con la credulidad que otorga la desesperación Von Rumpel quiere poseer ese singular diamante para cursarse de una enfermedad terminal.
Este trasfondo fantástico le da un poco más de aliento a la trama, añadiendo buenas escenas de acción y poniendo al espectador tenso, tratando de adivinar si los nazis tendrán en sus manos -o no- el diamante.
Además, hay una verosimilitud presentada a todo detalle. Se reconstruye hábilmente una Francia desgarrada por los ocupantes bélicos y se añade elementos reales a la fantasía. Por ejemplo, Etienne escucha los tres primeros versos de “La canción del otoño”, de Paul Verlaine, en una emisora de radio de la BBC y entiende que alude a que la llegada de las tropas estadounidenses era inminente. Pues esta realmente existió y sirvió para que los exiliados franceses pudieran dar noticias a sus familiares. Otro acierto innegable son la fotografía y escenografía de la serie. Todos los elementos hitlerianos están ahí, desde las banderas rojas hasta las iniciales de las SS grabadas en los uniformes militares.
Sin embargo, la miniserie es un tapete con los bordes deshilachados. Algunos de los hilos son ¿por qué Marie es ciega? ¿Nació así o fue una condición adquirida? ¿Y dónde está tu madre? ¿La mataron? ¿Por qué Werner es huérfano? Estas y muchas otras preguntas no obtienen respuesta y la serie olvida que, antes de ser una obra bélica, es un drama en el que importa la vida de cada personaje.
El elenco
Aria Mia Loberti brilla en su primer trabajo en ficción y acierta en el tono de las emociones. Sin dudas el hecho de que ella tuviera una condición asociada a la dificultad visual en la vida real -nació con acromatopsia, un trastorno de la retina que le impide ver los colorescontribuye mucho a su interpretación.
Otro impecable es Hugh Laurie, el famoso Dr. House, como el metódico y agorafóbico tío Etienne. También el traumatizado Werner sostiene una actuación prodigiosa ante dos proximidades tan aplastantes.
“Cuando era niño esa señal era mi única esperanza en la vida, mi escape, mi único refugio, usted no me va a entender”, le dice el joven a Ettiene, cuando se ha entregado a la resistencia francesa. Y él, El Profesor, lo defenderá de sus camaradas.
Vida por vida. Así transcurre “La luz que no podemos ver”. En 1954 el francés Albert Camus publicó una breve colección de ensayos titulada “El Verano”. En estos escritos, influenciados por la Segunda Guerra Mundial, que Camus había vivido, puso un párrafo que se puede emparentar con esta miniserie: “En medio del odio descubrí que había, dentro de mí, un amor invencible. En medio de las lágrimas descubrí que había, dentro de mí, una sonrisa invencible. (...) En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque esto dice que no importa lo duro que el mundo empuja contra mí; en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta”. Lo que a Marie-Laure y a Werner les lega El Profesor es la esperanza. Y ello explica también la belleza del último contrapunto: cuando Marie arroja al océano el Mar de llamas y se queda “contemplando” aquella luz que no puede ver es Ettiene que al retornar de la Primera Guerra Mundial tira al mar sus medallas. Porque el verano invencible es eso: dar un verdadero valor a la vida.
Artes&vida
es-ar
2023-11-23T08:00:00.0000000Z
2023-11-23T08:00:00.0000000Z
https://edicionpdf.eltribuno.com/article/281964612464091
El Tribuno